lunes, 8 de agosto de 2011

Crónica de un Delirio Crónico

Pude sentir el rumor del grupo desintegrándose
en aisladas células por toda la pequeña plaza del pueblo
Paucartambo,
como un baúl de esculturas coloniales,
a 2.906 metros
sobre la pequeña célula que llamamos
Mar.
Mi hogar congelado a la distancia, mi cama naufragaba inerte
y mi cuerpo de mecánica ilusoria cojeaba
con la pata de botella

sobre las calles empedradas     
ciego de metanol.

Vine con veinte céntimos y no me alcanza
para un cigarro, para un choclo,
para un pedazo de tierra con techo.
Sin alternativa le robé cigarros en cajetilla a una vieja dormida
y vagué alocado ofreciendo fallos a extraños y extrañas
hasta que mi nombre fue pronunciado entre el furor de miles
ebrios de música y fuego.
Mis amigos me tomaron entre sus brazos.
“ ¡Viniste! ¡Viniste! ¡Has venido!”
y de pronto mis ojos sanaron, mi cabeza

estable de nuevo y sonreí bailando al compás de
La Banda De Músicos Menos Pretenciosos del Mundo Entero.
De Los Auténticos Manipuladores del Clima

y qué mierda es el frío sino unas cuantas terminaciones nerviosas sin mucho que hacer.

La masa y yo moviéndonos pares, la masa me arroja una chica que coge mis manos
y giramos gritando por vez milésima ¡HE VISITADO PAWQARTAMPU!

Luego un hermano mío cae boca arriba Trompeta tarola saxo punzaron me la espalda

Mi hermano empachado de nubes         –  He girado a ver la palmera colosal:

Movimientos antiperistálticos agitan su cuerpo bajo la palmera

él se está ahogando
con su propio vómito que comienza a salir por sus fosas nasales

y se agita
hasta que es puesto en posición adecuada por fuerzas privativas de este poema
(de quebrada prosa-de carácter veleidoso- de ritmo pesado y castrada voz ofuscada)
y deja la estampa de su felicidad sobre la botella de ron con cola ,

sobre sus zapatillas
y por consiguiente, sobre todo el marchito escenario donde se realiza anualmente
esta fiesta que no es otra superflua excusa

para comprar, consumir y vomitar.


Baúl de esculturas coloniales:
chacras y ganado
y gente de campo sustentando en la espalda a un puñado de familias de poder
que alimentan al extraño que soy yo, a los foráneos que soy yo.
Sopa, segundo, cerveza, todo gratis, sentado rodeado de gente maciza,
de ancianos bigotudos con nietas sensuales sobre el regazo
y nietos altaneros mirándonos a los anónimos con desdén y lejanía.


Al amanecer
he despertado en el templo donde se celebra
la eucaristía
en quechua
y se vela, también en quechua,
con fervor quechua
a una pequeña estatuilla antropomorfa de rasgos castellanos
apodada por todos como Mamacha, Madre Virgen del Carmen.
Y mi estómago que piensa mejor que yo, me coge de las piernas arrastrándome
hasta el mercado, al arroz con huevo y encebollado
hasta que la voz  pronuncia mi nombre;
el hombre es alto y dice conocerme. Me lleva consigo ante su grupo.
Bailarines con la Idea del Clan Privado Primitivo incrustada en sus mentes de
prestigiosos amos, de dueños de tierras y alimentos que no permiten a extraños
en sus entrañas, si no sentados a su mesa pero no en su mesa.
 
Me echan y otra vez, sin culpa, con alevosía
robo una botella de trago esta vez mirándoles a la cara
y susurrando para mí: 


“Hago todo lo que quiero,
obtengo todo lo que merezco”.
Y merezco la insania. 

Un foco reventándome en la cara y desfigurándome para siempre.


Consiguiendo de aire y tierra el combustible                mi telaraña vibra
y la mosca blanca respira trémula, acepta el vaso de licor envenenado
y se lo bebe. Asiéndola a mi gusto, tomo su mano y la llevo a la oscuridad.
Todos alrededor miran la nada e imaginan formas agradables y creen estar felices
pero la ilusión es traicionera y antes de sonreír ya están despertando en el futuro
pero yo no me ilusiono, yo alucino tener otra historia y llamarme Abel o Gilgamesh,
usar sombrero, poseer ganado trabajo humano y ella, simpática mosca de nalgas suaves
y caderas marcadas por la juventud de sus 18 años, era, en mi demencia, una buscona
a la que tendía que desgraciar, y le dije, avalado por la impunidad irracional:


  “Te haré un hijo antes de esfumarme.
Te mancharé con carca y saliva
 mientras disuelvo tu cuerpo en ácidos gástricos
segregados por mi hocico
para luego engullirte   
l e n t a m e n t e…”

Amanece. 

En mi cabeza el peso de litros y litros de licor amargo
hacen que me sorprenda del Sol indetenible.
En mi brazos la flor manzana recostada y tibia. 
Le beso la frente y pienso en la noche
cuando no pensé.  
Se despierta, vemos el pueblo a lo lejos.
Estamos en el cerro granate, estamos cansados de extraviarnos entre nosotros.
La dejo en el Templo y vemos a los miles sobrios devotos y Sol
llevar en andas, nobles y serios como los asnos, a la Matrona de yeso.



No es necesario estar loco para seguir oyendo

 a los demonios susurrar a nuestras espaldas

ideas de plata que nos enceguecen

 con su brillo de fatídica ficción.



2 comentarios:

  1. De jade ro bar leci garri llosa lasa bu el i tas

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  2. impresionante willni este verso. te enlazo a mi blog asi quedamos conectados mas alla del tiempo y del espacio

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