sábado, 18 de junio de 2011

Rehén



Secuestré un libro,
espero recibir diez monedas por él.
No tiene portada: es un leproso;
su piel (...), imagina:

Martín Adán sepultado en metafísica coagulada
y ¿acaso eso no es lo que quieren?
¿Vejez y perfume mortecino?
La muerte vende y eterniza los segundos neblinosos.
  

*****Diez soles*****

 
Poco me interesa lo que diga mi rehén.
Ahora que lo noto, los buenos libros no son parlanchines.

¿Extrañará los ojos de su amo? 

Si tengo la panza llena soy feliz
y si es pecado, sobornaré a mi conciencia.
 “Los poemarios sirven para matar moscas” 

podría haber dicho el revendedor
pero calló como un poema ansioso de lluvia:



-¿Cuanto?

-Diez soles.
 
-¿Por esto?
 
-…siete.
 
-No lo vale.
 
-… … seis.
- No sé, mira su estado.
-… … …

Universo embotellado/ silencios hidropónicos:



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