viernes, 3 de agosto de 2012


Huir de la Gigante Roja

La veo mirar la tierra desde el monitor de la nave. Encuentro mucho placer en ver fijamente sus pupilas; al menos puedo saber qué está mirando. Por el momento: una esfera azul. Creo que es linda; aunque he visto otros planetas mucho más hermosos. De todas formas, me encanta su color.
-¿Crees que debemos ir ahí?- pregunta sin mirarme.
Yo iré a donde ella vaya. Más aún, si Mi Casa ha quedado tan lejos. Incluso, si me pidiera viajar más. Ir cada vez más al centro del Negro, los años en esta lata me parecerían nimios segundos de espera. Ella es mi única conexión con la realidad.
No recuerdo de qué escapamos. Se lo pregunto. Entonces me mira y me siento tan desolado como el planeta del monitor.
-De la muerte,
nosotros escapamos de la muerte.
Intento recordar y de repente me quedo dormido. Quisiera saber de qué escapo.

Ahora ella me está mirando. Se le ve tan cansada e impotente. Nada le funciona. Por más cuidados que me dé, no mejoro. De pronto, su rostro se llena de una ligera alegría y me muestra muy de cerca el monitor. Hay una gigante roja. Es bellísima y aterradora. La miro y antes de que lo pregunte me dice:
-No te preocupes, estamos lo suficientemente lejos. Estamos seguros.
Le cuento que en mi pueblo las hembras hacen toda su labor en las mañanas y que al anochecer se acuestan, entonces, los varones despiertan y hacen su trabajo. Luego amanece, ellos se duermen y el ciclo ocurre una vez más. Es por eso que nunca o casi nunca tenemos contacto entre los sexos. Sólo un par de días al año: cuando a la estrella y a nuestro satélite se les puede ver juntos en el cielo podemos relacionarnos. Se hace una fiesta tremenda en la que todos nos reproducimos. Quizá por eso el amor me resulta tan extraño y difícil de controlar. Como manipular estrellas con las manos. Coger algo tan grandioso y lleno de energía y salir lastimado siempre. Me abraza y dice que me ama. Me agradece por algo que no recuerdo bien. Por lo que entiendo la he rescatado de algo o de alguien y ese algo o alguien me postró de esta manera tan horrible. Yo también la amo y se lo digo sin entender realmente lo que significa decir eso.

Ella cree que todo irá bien. Que encontraremos un buen planeta, que me sanaré y que seremos felices. No quiero alarmarla pero no me siento bien. Me nublo continuamente y la tristeza ha reemplazado a los movimientos de mis brazos. Lo adivina y me canta algo en su idioma, es una canción de cuna pero a mi me parece una canción de despedida. Me pregunto por qué no habrá parado en la Tierra. Seguramente encontraremos otro planeta mejor, me sanaré y seremos felices.

Abro lo ojos y la veo dormida en los comandos. De su juventud sólo quedaron sus labios. Esta vez he dormido mucho tiempo. Intento moverme y caigo al suelo. Se despierta, se acerca a levantarme. La miro avergonzado. Está llorando. ¿Por qué llora?
-Pensé que ya no despertarías. Estaba a punto de enloquecer, te he necesitado mucho.
Intento decirle algo pero no hay nada en mi boca. Cada vez que despierto se empeora todo. Me da un medicamento y empiezo a sentirme mejor. Me cuenta que ha encontrado el planeta perfecto pero como pensó que ya no despertaría no paró, lo dejo ir.
-…sé las coordenadas. Enseguida volvemos. No tardaremos mucho, lo vi ayer.
Entonces se nos ocurre pensar que mañana tendremos un Hogar. Ya ha dejado de llorar. Eso me alegra. Le sonrío y le pido que me lleve al mirador. Allá afuera todo está tranquilo. Diamantes esparcidos sobre un provocador terciopelo negro. ¿De qué escapamos? No lo recuerdo.
-De la muerte- me digo- nosotros escapamos de la muerte.

Lo siento, pero no puedo huir más. He vuelto a cerrar mis ojos.
Ahora ya no hay dolor.

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